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Control de esfínteres: ¿Cómo hacemos para que los chicos dejen los pañales?

El control de esfínteres es un hito en el desarrollo de los chicos porque básicamente tiene un impacto en múltiples aspectos de sus vidas “y en la nuestra”.



En el capítulo 20 del podcast abordamos uno de los temas más consultados en

#CHATDEMAMIS: el control de esfínteres. En este episodio compartimos los consejos de

especialistas para saber cómo enfrentar este gran desafío de hacer que nuestros hijos dejen

los pañales.


Laura Bordieu es especialista en el método ABA (Applied Behavior Analysis /Análisis

Conductual Aplicado) y comparte su experiencia en el proceso para que los chicos tomen

contacto con la acción de ir al baño cuando sientan ganas y nos da pautas para ayudar a que el proceso de dejar el pañal sea eficiente. Porque cuesta, pero se puede.


Con la especialista abordamos la importancia del aprendizaje a través de la imitación y la

interpretación de los padres, así como la necesidad de desarrollar habilidades y repertorios

adecuados para el aprendizaje.

“A algunas personas con TEA puede resultarles complicado adquirir las habilidades necesarias para ir al baño de manera independiente. En muchos casos no desarrollan el lenguaje de la misma manera, no tienen la misma capacidad para simbolizar (no comprenden los cuentos, o los juegos); es un tema de repertorio de habilidades. Tenemos que usar otro tipo de herramientas”, explica Bordieu.


“El control de esfínteres no es cuestión de edad, sino de madurez. Es importante que el

sistema esté preparado, tanto en términos físicos como de equilibrio alimentario. Además, se requiere una aproximación multidisciplinaria y mucha paciencia del entorno de los niños. Es un proceso estresante, pero se puede”, aclara.


“Los niños con TEA pueden presentar un amplio abanico de situaciones frente al control de

esfínteres, como diverso es el mundo: puede aparecer el miedo a ir al baño, el temor de

cambiar de locación y no poder hacer sus necesidades en otros baños que no sean el propio, la preferencia absoluta por el pañal, el no querer o no poder sentarse en el inodoro”, acota.


“El primer paso para comenzar el proceso es saber que va a requerir constancia. Antes de

cualquier definición aconsejamos a los papas llevarlos a un pediatra para que les haga un plan de alimentación acorde, porque pasa que muchos chicos no consumen variedad de alimentos y eso los lleva a constiparse. Por lo que un buen plan, ayuda a generar mejor digestión y por ende, mejor proceso intestinal”, detalla la especialista.


“Otro de los puntos clave es revisar el fortalecimiento del tronco del cuerpo del niño que

debe contar con una estructura que le permita mantenerse sentado y hacer fuerza. Además,

es recomendable que una terapeuta conductista colabore con una serie de pautas para que el ambiente que rodee al niño trabaje en la misma dirección con objetivos claros y a corto plazo”, resume la terapeuta.


“En la primera parte del proceso debemos llevarlo varias veces al baño, como un reforzador

del hábito. Podemos usar material visual como pictogramas, señas o gestos para poder

comunicar las necesidades. Siempre es importante mantener una actitud calmada y tranquila.


No castigar ni forzar si observamos miedo o ansiedad. Otra de las estrategias puede ser ponerle ropa que le guste, pueden ellos elegir su ropa interior. Hay que generarles un espacio confiable y seguro. Darles refuerzos o recompensas”, acota Laura.


El entrenamiento del control de esfínteres puede suponer un desafío tanto para la persona con TEA como para sus familiares. Por ello, es importante apoyarse en los profesionales, estar tranquilos recordando que cada persona requiere tiempos especiales de aprendizaje,

averiguar las posibles causas y mostrar apoyo.


“Todos los niños aprenden por imitación. Los niños con autismo también. Repiten las cosas

que les gustan y les hacen sentir bien. Por eso la importancia de los buenos reforzadores, de

las recompensas”, destaca la especialista en ABA.


“Ellos tienen que comprender que es un momento más, necesario, que tiene una recompensa, un premio, (un ratito), cuando lo logra”, explica.


La especialista remarca que si los niños con TEA perciben que cuando van al baño ocurren

siempre cosas que son difíciles de hacer y además se ven obligados a hacerlas (por ejemplo

estar sentado sin querer), se crea una situación de rechazo que supone un mayor desafío

posterior para ellos.


“Si se hacen encima, no debe ser una catástrofe o un momento de angustia. Hay que

cambiarlos de forma calmada, sin prisas para que no asocien este evento con un momento

feo, complejo”, refuerza Bordieu.


“Cuando muestran una conducta de rechazo hacia el inodoro, se pueden realizar acciones de aproximación, como sentarse sobre este con la ropa puesta, ayudar a tirar de la cadena,

realizar los cambios de pañal en el baño, dejar que vean a otros miembros de la familia al ir al baño, realizar juegos simbólicos con muñecos o llevar al baño objetos o juguetes que aporten tranquilidad y que les hagan entender lo que va a pasar”, recomienda.


Un aspecto que tenemos que tener en cuenta es la posición en el inodoro, observando que

llegue con los pies al suelo. Esto puede aportar mayor estabilidad y disminuir el esfuerzo. Se

pueden emplear banquitos, cajas u otros para hacer sus necesidades con los pies apoyados

correctamente, así como facilitar una postura cómoda que repercuta en una correcta

evacuación.


“Es muy importante que todas las personas que se encuentren con el niño o niña se sigan las mismas estrategias. Porque el grupo tira para el mismo lado y el resultado es más eficaz”,

cierra la terapeuta.

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